Demasiado Confundida
Al regresar de una ausencia de dos semanas, he recibido la sorpresa de que para muchos soy un engendro del diablo sin corazón. Pero por otro lado y ante tal percepción vienen otros muchos a decirme que por el contrario, soy muy honesta y en todo caso tan auténtica y única como sólo alguien fuera de este planeta podría ser.
Hasta cierto punto me atrae tener percepciones tan dispares sobre mi persona, sin embargo el gran común denominador de ambos extremos es y siempre será el mismo: Que no puedo creer en nada.
Digo, después de todo eso es lo que soy: una atea, incrédula.
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